Angustia

CHARLAS CON NADIE

Manuel Camas Jimena, socio director de Gaona Abogados BMyV Alianza, a través de su habitual diálogo titulado Charlas con nadie, reflexiona en una nueva colaboración para www.revistaelobservador.com sobre la idea que plasma en el libro ‘El miedo en Occidente’, su autor, Jean Delumeau. Le llama la atención la distinción que hace entre miedo y angustia. “Nos dice que “el miedo tiene un objeto determinado al que se puede hacer frente. La angustia no lo tiene, y se vive como una espera dolorosa ante un peligro tanto más temible cuanto que no está claramente identificado: es un sentimiento global de inseguridad. Por eso es más difícil de soportar que el miedo”, apunta Camas, y establece un símil con nuestra sociedad y cotidianeidad actual.

                                                                     Angustia

– Da alegría verte, cuánto tiempo.

– SÍ, desde marzo no coincidimos por aquí. Te acompaño si no te importa.

– Y cómo lo ves, qué piensas de todo lo que ocurre en estos meses, a mí me preocupan la simpleza con la que algunos se presentan con soluciones para todo, vamos, la abundancia de populistas por todas partes, aunque también la falta de respuestas y mensaje de los partidos sobre los que el sistema se asienta.

– ‘EL miedo en Occidente’, de Jean Delumeau, un libro que mencionaba Eduardo Madina en los Cursos de Verano de la Universidad de Málaga, viene a aportar una visión de la Historia a partir de los miedos que padece la población y las consecuencias que esos mismos miedos acarrean.

ME llamaba la atención la distinción que hace el autor entre miedo y angustia. Nos dice que “el miedo tiene un objeto determinado al que se puede hacer frente. La angustia no lo tiene, y se vive como una espera dolorosa ante un peligro tanto más temible cuanto que no está claramente identificado: es un sentimiento global de inseguridad. Por eso es más difícil de soportar que el miedo”.

– QUÉ serio te pones, dónde quieres llegar con eso.

– PIENSO que estamos, el mundo está en general, angustiado, parafraseando lo dicho, porque tiene un sentimiento general de inseguridad, ante peligros que no identifica.

VIVIMOS momentos de cambios acelerados y muy profundos, tecnológicos, científicos, sociales, culturales, en la comunicación, en los negocios, en el trabajo. Tan acelerados son, que no da tiempo a identificarlos ni a definir su trayectoria, no sabemos cómo nos van a afectar y efectivamente generan inseguridad y con ella aparece la angustia.

ES bastante diferente de otros momentos que hemos vivido en las últimas décadas, no es miedo a una crisis económica, o a una dictadura, o el que existía en la Guerra Fría, ahora es enfrentarse a lo desconocido, a un futuro que nos cuesta identificar, tan siquiera imaginar.

CREO que esas sensaciones y sentimientos los vemos reflejado con claridad cuando las encuestas recogen opiniones generalizadas de que el futuro de nuestros hijos no será mejor que el presente, o incluso que será peor, es una expresión de la angustia.

ESA angustia es insoportable, porque no sabemos luchar contra un peligro no identificado, y buscamos desesperadamente librarnos de ella.

– Y eso puede explicar los populismos a tu juicio.

– ESCUCHAMOS a los que nos identifican de manera simple el peligro, y nos dicen que está, por ejemplo, en la inmigración, o en la política y los políticos, o en la falta de moral, o en que nos roban, etc. Esos que lanzan ese tipo de mensajes falaces por simples, identificando el peligro como mayúsculo, aunque sea menor o irreal, hace que la gente pase de la angustia al miedo, que les resulta más soportable y que, al estar identificado, les permite luchar contra él, normalmente apoyando las soluciones igualmente simples y falaces que le presentan esos mismos populistas.

– PERO si la angustia existe, de alguna manera tenemos que actuar sobre ella.

–  claro, tienes razón, pero permíteme una reflexión. Decíamos que nuestra angustia procede de un futuro especialmente incierto dada la profundidad y rapidez de los cambios que vivimos, que nos hacen temer un mañana peor para nuestros hijos o para nosotros mismos.

SIN embargo, los cambios que observamos conducen a que sea posible imaginar un mundo mucho mejor. La ciencia, la genética, por ejemplo, nos hace ver cercana la cura de muchas enfermedades, la mejora de la salud y el bienestar físico; la abundancia de alimentos, la eliminación del hambre; la tecnología, el que fuese posible que el trabajo sea más sencillo o que puedan hacerlo las máquinas por nosotros, que las propias máquinas nos ayuden a resolver problemas complejos.

VISTO así, debíamos estar esperanzados con el futuro, sin embargo nos está generando una enorme angustia colectiva.

 POR qué.

NADIE es capaz de definir con claridad ni con una mínima precisión ese futuro, solamente sabemos que a la velocidad que se acerca será casi inmediato. Ciertamente, por seguir con ese tipo de ejemplos, si las máquinas pueden hacer el trabajo, podemos pensar que será más difícil tenerlo y la mayoría de la gente se sostiene económicamente de lo que obtiene por su trabajo.

A la vez la gente está viendo con crudeza, cómo se cumple el refranero, y efectivamente “el dinero llama al dinero”, la riqueza se concentra globalmente, también localmente, y las diferencias se agrandan. No estamos hablando ya del que no se esfuerza, desgraciadamente personas preparadas, que se esfuerzan y que trabajan, obtienen muy poca recompensa.

– Y entonces.

– ENTONCES está la política y solo debe estar la política. La política, la de verdad, no podemos permitir que sea sustituida por el marketing, por los mensajes coyunturales, cortoplacistas, por las meras consignas repetidas hasta la saciedad, por lo políticamente correcto en el sentido de no separarse de esas consignas.

ECHO en falta, echamos en falta a quienes sean capaces de decir a la sociedad que el futuro va a ser mejor, no sin fundamento, sino por la decisión colectiva de hacerlo así, apoyada en la tecnología, en la ciencia, en la moral, en la cultura y en la economía.

OBVIAMENTE son muchas cosas y muchos retos que asumir, pero es evidente que son perfectamente alcanzables, aunque la dificultad para explicarlo es ser mayor que las simplezas populistas.

ES obvio que hay que transmitir a la gente la certeza de que, ante el cambio de paradigma, no vamos a permitir el aumento de la desigualdad sin freno, es importante transmitir que eso es posible, aunque exigirá, por ejemplo, trascender el estado nación. Hay que hablar de Europa, porque es ese el ámbito donde podemos lograrlo, si avanzamos decisivamente en acabar con el déficit democrático que nos encorseta, elegir de verdad a quienes nos gobiernen en ese nivel de competencias, sin abandonar el Estado nación como elemento esencial de coherencia social e histórica de esa Europa, pero sabiendo que en otro nivel de competencias tenemos los ciudadanos que decidir cuál es el gobierno y el programa europeo, dotar de competencias a su parlamento, aunque el consejo sea necesario a modo de una segunda cámara territorial.

ES obvio que los ciudadanos tienen que tener la certeza de que si el futuro es tan optimista que el trabajo lo puedan realizar por nosotros las máquinas, que mejorará la salud, que solucionaremos problemas ahora inalcanzables, los poderes púbicos serán capaces de establecer medidas de reparto de la riqueza, de acceso a la salud, que se trabajará para un bienestar compartido.

EN definitiva, tenemos que tener la certeza de que se aspira a un Mundo bien gestionado, eficaz, con derechos y obligaciones, pero desde luego solidario.

PARA mí, ese es el papel de la socialdemocracia, en España, en Europa y en el Mundo, pero tenemos, los que pensamos de esa forma, que construir el mensaje, que adaptar nuestras organizaciones a esa nueva dimensión. No entiendo cómo no existe ya un Partido Socialdemócrata Europeo, con programas nacionales abiertamente consensuados, en definitiva, que haga creíble al ciudadano español, que es el programa también de la socialdemocracia alemana o francesa o italiana, y que juntos vamos a lograrlo.

– ¿Y eso llegará?

– ES necesario que llegue, porque el futuro va a ser mejor, pero solamente de esa forma impediremos que, entre el presente y ese futuro mejor, se abra un tiempo de turbulencias impredecibles, que retrase su llegada. El poder, los poderes fácticos, los poderes de hecho, económicos, religiosos, culturales, sociales, etc., van a resistirse a los cambios, van a intentar dirigirlos en su beneficio, y esas resistencias la Historia nos enseña que, si hace falta, incluso puede ser violenta.  El mensaje democrático de que desde el poder se garantiza la solidaridad, es el que permitirá que la transición al futuro sea pacífica.

– BUENO, me dejas meditabundo, lo pensaré.

– MEDITABUNDOS estamos, pero dejemos de estar angustiados, espero verte pronto nuevamente, hasta luego.

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